“ExpoSURE 2026. Fotógrafos como diseñadores, diseñadores como fotógrafos” es la exposición online de los proyectos de los estudiantes del Diploma de especialización en Fotografía y Diseño Editorial, que se presenta en el Instagram de Eina a finales de agosto.
Pensar la imagen es, inevitablemente, pensarse a uno mismo. Mirar es contaminarse sin remedio: no es posible mantenerse al margen del acontecimiento cuando se sostiene una cámara, de modo que todo ejercicio de registro documental acaba teniendo mucho de autobiográfico. Como nos recordaba Walter Benjamin, el arte de la memoria no consiste en describir el pasado, sino en saber habitar sus ruinas, convirtiendo el documento fotográfico en un relámpago de conciencia subjetiva que ilumina el presente. Acercarse al universo visual de esta nueva cosecha del Diploma de especialización en Fotografía y Diseño Editorial de Eina supone comprobar cómo los jóvenes creadores exploran las dos orillas, el pasado y el presente, lo fragmentado y lo íntimo, para encontrar un nombre a aquello que late tras el silencio de las imágenes. Este curso, el colectivo ExpoSURE2026 nos ofrece un banquete visual que desafía las convenciones, espacios de resistencia donde las formas crecen en gestos de una belleza viva y casi insidiosa.
La noción de habitabilidad urbana y de territorio se subvierte cuando el ojo se desplaza hacia lo no humano. En THE OCCUPANTS, Andrés Nicolás Bohórquez construye una inquietante tensión de thriller cinematográfico alrededor de la presencia persistente de las palomas, revelando cómo el conflicto urbano desdibuja la frontera entre habitante e intruso. En sintonía con esta cartografía animal, Martina Civantos propone en Hello Kedi un recorrido atento por las calles de Estambul, donde la convivencia cotidiana con los gatos se convierte en una parte indisociable del paisaje y del ritmo vital de la ciudad. Sin embargo, es en la fotografía analógica de Marta Aguilera donde esta reflexión alcanza una conmovedora madurez conceptual. En L’efímera eternitat, siguiendo el frágil vuelo de la mariposa Apolo, diminuto símbolo de nuestra crisis climática, Aguilera Jiménez plantea una enmienda a la totalidad del antropocentrismo. Su libro desmonta la noción histórica que separa al ser humano de su entorno y nos invita a mirar desde el otro lado para comprendernos como un único ser orgánico y político.
El tránsito, la carretera y los paisajes de la periferia se erigen en escenarios de una cotidianidad extraña y magnética. El proyecto 620, de Carlota Canal, constituye un hito dentro de este bloque: una bellísima carta de amor al transporte público y a la clase obrera que sigue el trayecto del autobús entre Ripollet y Fabra i Puig, transformando los polígonos industriales y los grafitis en un auténtico hogar emocional e identitario. Este mismo impulso viario conduce a Carlota Casado hacia DESEO IBÉRICO, una investigación de extraordinaria potencia visual en la que actúa como una arquera de la mirada oblicua. Casado fija su atención en la arquitectura decadente de los clubes de alterne de las periferias peninsulares, rescatando del olvido las sombras de unos edificios marginales que habitan en la memoria colectiva antes de desaparecer por completo. Cerrando este eje de la movilidad, Cainã de Andrade Piccinini firma en Seguiré caminando hasta chegar em nehum lugar un ejercicio profundamente existencialista. A la manera de las derivas de Francis Alÿs, Piccinini convierte la frustración del viaje en una declaración poética absoluta. El autor propone una gozosa aceptación del camino en la que la sospecha de no tener ningún destino fijo se convierte, precisamente, en la propia riqueza de una fotografía circular y liberada de metas, donde el cambio constante es la única certeza.
La memoria de las raíces y las cicatrices del tiempo adquieren también una dimensión corpórea. Clara Serrano rinde homenaje a la migración andaluza a Cataluña en Por Un Duro Y Un Guiso, a través de los recuerdos y las manos de su abuela Emilia, en un ejercicio que dignifica el dolor, el pasado obrero y el legado invisible que se cocina en nuestras mesas. Esta búsqueda de las grietas se traduce en pura metáfora visual en Todas las heridas se parecen, de María Carla Palomino, quien, mediante unos cuidados dípticos fotográficos, conecta las estructuras rotas de la Barcelona urbana con las fracturas emocionales del espectador, revelando cómo convivimos en armonía con la imperfección.
Cuando el soporte físico se contamina de la experiencia íntima, la fotografía se convierte en objeto matérico, piel y texto. Es el caso de Camila Gómez, que en No sé qué sentir utiliza la cianotipia sobre tela para articular una delicada publicación de artista en la que el autorretrato y la palabra convergen para narrar la vulnerabilidad del yo. Asimismo, el mar se convierte en textura y dualidad en No hay horizonte sin cielo, no hay horizonte sin mar, de Paloma Pizarro de Rivero. Su obra es un poemario digital en blanco y negro, intervenido en el cuarto oscuro con elementos orgánicos como miel y aceite sobre papel de plata, que propone un libro de doble lectura en el que el horizonte funciona como el punto exacto del reencuentro.
Lo onírico y sus fantasmas cierran la exposición abriendo las puertas a una profunda introspección, un umbral en el que el trabajo de Michka Cristobal de Meulemeester resuena con una fuerza magnética indiscutible. FANTASMAGORIA es un ensayo visual sobre los sueños articulado a través de fotografías en blanco y negro de un contraste radical. Un bosque metafórico donde los recuerdos son rostros desdibujados que nos observan con grandes ojos desde una profunda oscuridad. Esta conquista de la realidad a través del sueño dialoga estrechamente con el trabajo de Ana Castillo, quien, mediante el collage y la invocación de los cinco elementos, construye unas particulares «vacaciones de la realidad». Castillo transforma la fotografía para inventar un nuevo espíritu, convirtiendo la imaginación en materia onírica destinada a alimentar una nueva visión. Finalmente, Sara Pérez realiza en An Exercise in Proceeding Anyway una auténtica declaración de intenciones contra el bloqueo creativo; apoyándose en las Oblique Strategies de Brian Eno y en la melancolía del mono no aware, se aferra a la belleza de las cosas cotidianas para demostrarse que continúa existiendo en el tiempo.
En conjunto, la obra de estos fotógrafos funciona como una de esas instalaciones contemporáneas que nos habitan y nos transforman: refugios, tránsitos y trincheras discretas en las que se invita al espectador a entrar para crear sus propios relatos. Cada proyecto es un testimonio de la riqueza de la fotografía contemporánea, un lugar de contemplación desde el que mirar de cerca para poder nombrar el mundo. Porque, al fin y al cabo, no se cambiará la realidad ni se podrá hablar de esta nueva época desde los viejos puntos de vista. Adentraos de lleno en este espejo colectivo y disfrutad de este banquete visual tanto como lo hemos hecho nosotros.
Dolors Soriano Codirectora del Diploma de especialización en Fotografía y Diseño Editorial
Imagen de portada: No hay horizonte sin cielo, no hay horizonte sin mar, Paloma Pizarro de Rivero

