Las casas de acogida son un recurso destinado a acoger temporalmente a aquellas mujeres que han sufrido violencia doméstica y no tienen suficiente autonomía para iniciar una nueva vida lejos de su agresor. Se trata de equipamientos anónimos que se encuentran en edificios, pisos o casas y que en cada caso se adaptan a la arquitectura del lugar.
En este proyecto, me interesa estudiar y evaluar de qué manera el diseño puede convertirse en una herramienta capaz de aportar mejoras a un problema social. La propuesta consiste en conseguir espacios flexibles sin perder las características propias de cada uso; espacios polivalentes en los que se puedan realizar varias actividades a la vez y que puedan transformarse para permitir el desarrollo de otro servicio. Así pues, mi propuesta no es tanto un nuevo programa de organización de estos centros, sino un estudio sobre la convivencia y sus límites.
De entrada, las dos plantas superiores se destinan a diferentes modelos de habitación que permitan una mejor adaptación a la situación de cada mujer y sus hijos. Las habitaciones sólo se utilizan para dormir y guardar las pertenencias. En la planta baja están las zonas comunes, que básicamente consisten en dos espacios claramente diferenciados por las características de las actividades que allí se realizan: actividades de ruido (cocina, comedor, sala de estar, TV y sala de juegos para los niños) y actividades de silencio (estudio, PC, lectura y biblioteca). El jardín no se aprovecha solamente como caja de luz para los anejos, sino también como continuación de los propios espacios. Se trata de una reforma que proyecta la casa hacia dentro –protegida del exterior– y que, al mismo tiempo, pretende ofrecer confort.

