Concebida por la artista Julia Spínola, esta intervención toma como punto de partida una investigación material: entre escultura, memoria y procesos gráficos (específicamente la serigrafía, aunque solo como desembocadura). La colaboración con un grupo de estudiantes de Eina toma tres meses y coincide con diversas fases de la construcción y rehabilitación de Eina Bosc. El grupo trabaja para elaborar imágenes a partir de elementos encontrados en varios espacios del edificio y sus alrededores: cuerdas, hojas, clavos, tornillos, cables, ramas, cascotes, pedazos de muros, tuercas o residuos minerales. Con ellas se forman caras, símbolos a veces reconocidbles y a veces indescifrables, inscripciones readymade, tomando la forma de dibujos tridimensionales, assemblages efímeros. Estos son escaneados y transferidos al formato bidimensional adaptado a los fotolitos serigráficos de uso habitual en el taller de Eina. Finalmente son transferidos sobre las paredes del edificio mediante la serigrafía directa. Además de una proyección de mentes sobre la arquitectura, este es también un proceso de transferencia entre lugares: de Eina Barra de Ferro, que había albergado hasta entonces los talleres serigráficos; a Eina Sentmenat, donde tuvieron lugar algunas de las sesiones de trabajo; y al espacio inminente de Eina Bosc en donde queda plasmado el proyecto. Similares a tatuajes, estas marcas (un total de 36) son aún visibles en muchas partes del edificio, desde los baños de la planta baja al taller de grabado o el torreón.
Emboscada #3: Julia Spínola, Foto: Natàlia Cornudella
Emboscada #3: Julia Spínola, Foto: Natàlia Cornudella
Emboscada #3: Julia Spínola, Foto: Natàlia Cornudella
Emboscada #3: Julia Spínola, Foto: Natàlia Cornudella
Emboscada #3: Julia Spínola, Foto: Natàlia Cornudella
Emboscada #3: Julia Spínola, Foto: Natàlia Cornudella
Emboscada #3: Julia Spínola, Foto: Natàlia Cornudella

