Se trataba de proyectar una vivienda en el barrio de Gràcia que al mismo tiempo fuese el taller de un artista plástico joven. El concepto y el nombre del proyecto se inspiran en las cajas de Duchamp, que en su interior albergaban pequeños elementos de su obra. Igual que aquellas cajas, la vivienda-taller se plantea como un espacio que albergue el mundo creativo y vital del artista: un espacio que apele a aspectos de su personalidad y su obra, y que sea un cúmulo tanto de objetos como de experiencias.
El interés del proyecto radica en el hecho de buscar la representación física de la comunidad entre la vida y el arte como opción de una forma de vida actual. En la distribución del espacio se crean pequeños espacios independientes que se articulan a través de la arquitectura. Estos espacios representan bloques de actividades polivalentes que generan diferentes formas de relación entre el usuario y el espacio.
Fundamentalmente, en la pequeña nave se dispone de dos espacios contenedores, separados por patios, articulados por medio de una pasarela que recorre longitudinalmente todo el local. La función de los patios es aportar tanta luz como sea posible y crear espacios de transición. Se ha creado una atmósfera neutra, pero con algunos puntos de color en los servicios y en el entramado del techo para generar puntos de interés y calidez en el ambiente.

