Los bolos catalanes son un deporte tradicional catalán que cada vez es menos conocido. Se sabe, no obstante, que en muchos lugares de Cataluña se sigue practicando de manera asidua. Lo que Rauxa pretende es recuperar esta tradición haciendo una reinterpretación del juego para acercarlo a la sociedad actual, alejándolo de la estética original, pero siguiendo con el concepto de artesanía.
En Cataluña hay más de 2.000 personas federadas y más de cien clubs compiten a nivel nacional. Por eso el juego debe tener unas normas estrictas en cuanto a peso de los bolos, distancia del tiro, medidas reglamentarias, etc. Se interpretaría, pues, que esta es la parte deportiva del juego.
El juego original consta de seis bolos grandes y tres bolos pequeños, elementos que en conjunto pesan un total de casi 15 kg, ya que son de madera maciza y están torneados por un artesano. Rauxa plantea una simplificación del juego, pues reduce su peso y su forma al mínimo: se propone hacer los bolos de plástico y vacíos por dentro, de modo que se puedan apilar para transportarlos, pero que en el momento de jugar tengan un peso muy similar al original, llenándolos con agua, arena o lo que se tenga al alcance de la mano en el campo de juego.
El proceso de trabajo que se ha seguido ha sido el siguiente: la creación de los moldes (tanto de los bolos grandes como de los pequeños), la fabricación de la máquina de rotomoldeado y la creación del prototipo final. Con este trabajo se ha probado y, finalmente, corroborado el sistema de la fabricación y se ha obtenido como resultado el prototipo físico del juego y la máquina para producirlo.
Cristina Casabella -
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