El proyecto consiste en el rediseño de la antigua Casa Mónaco y su edificio anexo para adecuarlos a los requerimientos de un pequeño hotel de boutique.
La primera decisión clave fue comunicar interiormente las dos edificaciones. Se decide ubicar la recepción y el bar restaurante en la planta baja. Las habitaciones se dispondrán en el edificio porque su estructura favorece las plantas repetitivas de habitaciones a ambos lados de un pasillo central que se caracteriza por un patio interior con entrada de luz natural. Por este patio interior caerá, hasta la primera planta, una cortina vegetal que permitirá la entrada de luz pero que al mismo tiempo evitará la visión de una fachada de ventanas irregulares.
El nudo de comunicaciones verticales se sitúa en la frontera de los dos edificios y la antigua escalera de madera de la casa se mantiene como símbolo de identidad. En cuanto al exterior, se recupera la piedra natural con que está revestida la casa, a la que se une visualmente el edificio por medio de un zócalo que llega hasta el primer nivel y que irá revestido de la misma piedra. El jardín se conservará y se creará una pequeña terraza de verano para el restaurante y una piscina a disposición de los clientes del hotel.

