Finalmente se celebra el primer concurso de castells en la ciudad de Barcelona. El concurso es la única actuación del año en la que los castells son una auténtica competición, cada estructura es puntuada según la ejecución. El concurso, evidentemente, va dirigido a todos los aficionados al mundo casteller y quiere atraer la atención de la gente que todavía no lo ha descubierto.
Con el concurso, su imagen y su promoción, se pretende abrir el mundo casteller –que es un mundo cerrado en sí mismo– a toda aquella gente que lo descubre. Eso implica aplicar una gráfica en un ámbito en el que la importancia del diseño no está muy presente. Todo el proyecto se basa en una simplificación icónica del mundo casteller como son los colores de las camisas de las colles. La simplificación empieza con la denominación. Así, Concurso de Castells de Barcelona se sustituye por CIM, para simplificar la idea de castell cargado o de fer l’aleta (saludar con la mano). Por último, para los carteles se utiliza una secuencia que nos explica el proceso de levantamiento del castell y prescinde del color en lo que no es significativo, pero lo mantiene en las camisas, que adquieren relieve en la imagen.

