En el marco del proyecto SIT-PLU (Prácticas creativas situadas para el pluriverso), financiado por el programa Creative Europe, durante el mes de diciembre de 2025 las investigadoras del Laboratorio NEBULA Anna Pujadas y Mar Saiz impulsaron Vestir el territorio: dibujo, identidad y comunidad, una experiencia de creación intergeneracional con estudiantado universitario y alumnado de una escuela de primaria. A través de la serigrafía, la estampación y la intervención de camisetas reutilizadas, el taller exploró el diseño como una herramienta de aprendizaje compartido, expresión identitaria y conciencia ecológica.
Bajo el lema «Cuerpo a cuerpo», la actividad propuso trabajar conjuntamente a través del dibujo, la serigrafía y la estampación textil, conectando las prácticas artísticas con la vida de la comunidad y el territorio que habita. Este laboratorio fue una colaboración entre el alumnado de primaria de la Escola Dolors Monserdà Santapau y el estudiantado universitario del Grado en Diseño de Eina. El estudiantado universitario asumió el papel de facilitador, compartiendo técnicas de serigrafía con los niños y niñas.
A partir de un lettering diseñado previamente por el estudiantado de diseño, cada participante intervino una camiseta reutilizada mediante diferentes técnicas de estampación y dibujo. Una base gráfica común dio lugar a creaciones singulares, en las que cada persona aportó su mirada y su manera de expresarse.
La actividad abrió un espacio para reflexionar sobre las relaciones de interdependencia entre la comunidad humana y el mundo más que humano. Desde la perspectiva de la ecopedagogía y la educación ambiental, dibujar y crear conjuntamente se planteó como una forma de desarrollar la atención hacia el entorno, la corresponsabilidad y la conciencia ecológica. La inclusión se entendió como una práctica de hospitalidad y reconocimiento de la diversidad, en la que las diferentes edades, experiencias y formas de percibir el mundo contribuyen a construir un espacio común.
Vestir el territorio exploró cómo el diseño y las prácticas artísticas pueden activar formas de aprendizaje horizontal y de participación comunitaria. A través del gesto de dibujar cuerpo a cuerpo, el laboratorio convirtió la creación textil en una experiencia de relación, cuidado y compromiso ecológico, reivindicando el potencial de la educación artística para imaginar otras formas de convivir y habitar el territorio.

