Se rehabilita una vivienda rural en Galicia para darle un nuevo uso como albergue de peregrinos.
Las primeras decisiones son eliminar todo lo que está en mal estado y reordenar los espacios en torno a la era para potenciar la propuesta y los elementos tradicionales. Se rehace una parte de las cubiertas y así se crea un juego de inclinaciones en el que se tiene en cuenta la captación solar y la relación con el resto de volúmenes. Además, se rebaja el pavimento interior, de manera que el albergue se hace accesible y permite la incorporación de un suelo radiante con geotermia.
El principal reto del proyecto consiste en diseñar una habitación común que genere privacidad y confort, pero que al mismo tiempo mantenga la idea de colectividad propia del Camino. Se proponen tres habitáculos de seis plazas, que dividen el doble espacio y ofrecen una mejora lumínica y acústica. La construcción se hace con paneles de madera contralaminada, un material sostenible de montaje rápido que permite la prefabricación. La iluminación va incorporada a los paneles: el interior dispone de una luz cálida y puntual controlable por el usuario y la zona de circulación tiene una luz fría lineal automatizada.
En el resto del proyecto se mantiene una cuota en relación con las entradas de luz y el uso de los materiales locales, que hace referencia a la arquitectura gallega.

