Sortir a pastar. Un laboratori d’educació artística, ètica de la cura i disseny relacional

Salir a pastar Un laboratorio de educación artística, ética del cuidado y diseño relacional

En el marco del proyecto SIT-PLU (Prácticas creativas situadas para el pluriverso), financiado por el programa Creative Europe, las investigadoras del Laboratorio NEBULA, Anna Pujadas y Mar Saiz, desarrollaron el laboratorio Salir a pastar durante los meses de noviembre y diciembre de 2025. La propuesta invitó al estudiantado del Grado en Diseño a explorar el paisaje periurbano del campus a través del dibujo, el movimiento colectivo y la experimentación artística, investigando nuevas formas de relacionarse con el territorio desde la ética del cuidado y el diseño relacional.

El laboratorio propuso explorar el entorno inmediato del campus como espacio de aprendizaje compartido. A partir de metodologías participativas, el estudiantado salió del aula para recorrer el territorio y establecer nuevas formas de relación con el paisaje, los materiales y las comunidades que lo habitan.

El campus de Eina se encuentra en una zona de transición entre el tejido urbano, el parque, el bosque y la montaña: un territorio periurbano e intersticial que escapa a las clasificaciones convencionales. Ni plenamente urbano ni estrictamente natural, este entorno se caracteriza por la fragmentación espacial y la superposición de diversas dimensiones socioecológicas. Esta complejidad convirtió el territorio en un laboratorio vivo desde el que explorar otras formas de habitar, compartir y repensar el espacio público.

El laboratorio se articuló a partir de los principios del diseño relacional, la ética del cuidado y las pedagogías situadas y feministas. Desde esta perspectiva, el aprendizaje se entendió no solo como la adquisición individual de conocimientos, sino como un proceso colectivo construido a través de la experiencia, la escucha, la cooperación y la atención al entorno. La propuesta exploró cómo las prácticas artísticas colaborativas pueden contribuir a generar procesos educativos más inclusivos y comprometidos con las relaciones ecosociales.

En este contexto, se planteó el dibujo como una práctica abierta y compartida, construida a través del contacto directo con los materiales, los espacios y las personas. Mediante experiencias de movimiento colectivo, el estudiantado exploró el paisaje siguiendo la lógica del rebaño, poniendo el cuerpo en relación con el territorio y desarrollando una atención más consciente a los ritmos, las presencias y las dinámicas del entorno.

Más allá de representar el paisaje, dibujarlo se convirtió en una forma de recorrerlo, observarlo y pensar en él colectivamente. Una herramienta para registrar la experiencia, elaborar conocimiento y establecer vínculos, pero también para ensayar prácticas de cuidado y formas alternativas de convivencia. Salir a pastar propuso así una forma de aprender desde el territorio y con el territorio, entendiendo el diseño y la educación artística como prácticas relacionales capaces de abrir nuevas posibilidades para imaginar y habitar el mundo compartido.